Congelando el tiempo
Por Alain
Mientras caminaba calle arriba, dudé, escaneando mi entorno con una mezcla de curiosidad, inquietud e incertidumbre sobre qué esperar.
Entonces, en un instante, miré hacia mi izquierda y me quedé congelado. Ahí, más allá de la puerta, había una explosión de globos, pancartas que decían “¡Feliz cumpleaños!” y mis amigos y familiares más cercanos, radiantes de alegría.
Las voces aletearon al abrirse paso en mis oídos: “¡Sorpresa!”. La mandíbula casi se me fue al suelo mientras las risas y los gritos llenaban el aire. Durante medio segundo, estuve convencido de que estaba soñando, y levanté la mano para cubrirme la boca con incredulidad.
No estaba seguro de qué hacer, o sea, de verdad, todos estuvieron ahí para mí. Todos los que estaban ahí lo significaban todo para mí. Representaba lo que este año ha significado para mí. Y para mí, fue un momento inolvidable porque, por una vez, supe que estas eran las personas con las que podía contar de por vida, para siempre.
Al quedarme quieto, mi vacilación finalmente se desvaneció y me inundaron las emociones, transformándose en un torbellino de gratitud, amor y pura euforia mientras corría hacia mis amigos, envuelto en abrazos y risas. No podía dejar de sonreír, con el corazón lleno de alegría al pensar que todo aquello —las luces, la decoración, las risas— había sido preparado solo para mí. El momento se sentía irreal, ¡estaba tan emocionado! ¡Todas mis emociones, intensificadas por la adrenalina, listas para festejar!
Pasó un segundo y hubo tantas risas que todos estábamos muy emocionados por ver a dónde nos llevaría el día de hoy.
Al minuto siguiente, estábamos jugando, todavía riendo, mientras saludaba a los que entraban. Luego, continuó, seguido de nuestros pasos de baile tontos y el almuerzo, y unos pocos que se habían ido temprano.
La hora siguiente consistió en más risas, muchísima emoción, algunas despedidas más, ¡pero yo iba con todo!
Luego me encontré rompiendo a golpes una piñata, mucha más gente se fue, ¡pero la fiesta continuó!
Continué corriendo y comencé a abrir mis regalos, con un inmenso sentimiento de gratitud, aunque un poco triste por no haber podido agradecer a algunas familias por sus regalos ya que se habían ido temprano.
Mientras esperaba con entusiasmo la siguiente actividad, me cayó el 20: estábamos limpiando.
Estaba confundido porque seguramente aún había más tiempo, y todavía tenía muchísima energía porque, bueno, era mi cumpleaños. Quería sentirme como cuando escuché “¡Sorpresa!”: congelado, congelado en el tiempo. Una parte de mí ya sentía la tristeza de saber que el momento se estaba esfumando. Es extraño cómo los momentos más felices a veces se vuelven nostálgicos incluso antes de que terminen.
Y aun así, ninguna cantidad de tristeza excusa el ritmo implacable del tiempo. Es muy importante detenerse, respirar y mirar alrededor. De verdad, mirar alrededor. Mirar alrededor y absorber todo lo que hay dentro. Ese momento solo ocurrió una vez, y aun así miro atrás y desearía poder revivirlo. Y lo sé, el año que viene me sentiré de la misma manera, e incluso el siguiente. A veces, como humanos, estamos tan enfocados en lo que sigue y lo que sigue, que ni siquiera logramos comprender lo que tenemos en frente.
Aun así, mi cumpleaños fue el mejor día de todos. Pero esto no se trata realmente de mi cumpleaños; esto no se trata de que mi cumpleaños haya pasado al día siguiente, sino más bien de la lucha por dejar atrás los recuerdos que grabé en mí mismo durante estos nueve meses en el extranjero.
Siempre estaba mirando hacia adelante, siempre emocionada por lo que vendría: “¿Qué sigue?”. Y no hay nada específicamente malo en tener cosas que esperar, pero es importante reconocer que eso también tendrá su propio momento, único como ningún otro. En lugar de esperar lo que aún está por venir, aprecia lo que ya existe: lo que te rodea, el presente.
A medida que este año llega a su fin, miro hacia atrás y se me llenan los ojos de lágrimas y niebla, pero no mi mente. Mi mente se mantiene despejada y pintada de tantos recuerdos, aunque no puedo volver a vivirlos. Como humanos, recordamos mejor las cosas cuando vinculamos emociones al recuerdo, pero esos recuerdos solo suceden una vez; todo esto, solo sucede una vez. Esa es la parte difícil de los recuerdos: podemos revisvenirlos en nuestra mente, pero nunca regresar plenamente a ellos.
Irónicamente, este sábado caminaré por la misma calle. Conociéndome, tal vez también con las mismas emociones; pero está bien. La incertidumbre está bien. La incertidumbre y la emoción no siempre tienen que corresponder con la sensación de “salir del paso”, sino más bien aceptar lo que uno tiene en frente. Esa misma incertidumbre me ha enseñado una y otra vez que todo estará bien.
Tal como abrí mis blogs en septiembre, y por lo tanto también terminaré con la misma nota. Porque el punto se mantiene, y sirve para mostrar la verdad: todo va a estar bien.