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Año de Puente Costa Rica: Mi Llegada a Costa Rica

Notas de campo
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Había muchos pensamientos cruzando por mi cabeza mientras me preparaba para embarcarme en mi viaje de nueve meses en Costa Rica. Muchos de ellos eran preocupaciones. Y muchas de las preocupaciones tenían que ver con el hecho de que iba a vivir con completos desconocidos que hablaban un idioma al que no estaba acostumbrado, en un país al que no estaba acostumbrado. Nunca había vivido fuera de la casa en la que crecí. Nunca había pasado más de una semana lejos de mis padres. Y ahora iba a mudarme con una familia completamente nueva durante nueve meses, a miles de millas de distancia de todo y de todos los que me eran familiares. ¿Y si no les caía bien? ¿Y si no éramos una buena combinación? ¿Y si se cansaban de mí? ¿Y si simplemente era incómodo todo el tiempo? Todas estas preocupaciones habrían aplicado a mudarse con cualquier familia anfitriona, pero se veían amplificadas por el hecho de que la mía tenía un idioma diferente y una cultura diferente. No tenía idea de cómo sería la comunicación, pero predijé que sería tensa e incómoda. Imaginé que no tendría muchos problemas para comunicar necesidades básicas, descripciones y demás, pero ¿más allá de eso? ¿Las limitaciones del idioma mermarían nuestra capacidad de conectar a un nivel más profundo?  

Los primeros días fueron difíciles. Me sentía como un intruso en su casa y en sus vidas. En ese momento, éramos solo extraños de trasfondos totalmente diferentes viviendo de repente bajo el mismo techo. Comencé a sentir que mis temores se estaban confirmando. Pero durante la semana siguiente más o menos, estos se fueron disipando poco a poco. Después de que nos sentimos más cómodos con la presencia del otro, y tras entrar en el ritmo de comunicarnos (aunque fuera un poco entrecortado), las cosas se pusieron más fáciles. Incluso empezamos a hacernos bromas, algo que no estaba seguro de poder hacer muy bien con mi nivel de español. De hecho, la barrera del idioma no se ha interpuesto en absoluto. No siempre entiendo todo lo que dicen mis padres anfitriones, pero no tienen ningún problema en explicar palabras nuevas o reformular para que pueda entender. Esos momentos de confusión ya nunca son estresantes, y a veces son muy divertidos. Y aunque nuestra comunicación verbal no siempre es fluida, he descubierto que la conexión humana parece existir a un nivel más profundo que eso, teniendo más que ver con nuestras energías que con las palabras exactas que salen de nuestras bocas.  

Al mismo tiempo, siento que mis habilidades en español están mejorando rápidamente. Vivir con mi familia anfitriona y practicar mis habilidades de expresión y comprensión auditiva con ellos todos los días ha sido mucho más eficaz de lo que jamás fue mi clase de español de la preparatoria, de una hora, tres veces por semana. ¡A veces hasta me cacho intentando hablar en español en mi diálogo interno! He descubierto que conectar con mi familia anfitriona, y también con otros, realmente me ha hecho apreciar la belleza y el valor de aprender nuevos idiomas y culturas, porque te abre toda una nueva parte de la población mundial de la cual aprender y con la cual conectar. Practicar el español me ha permitido conocer a tanta gente genial que de otro es prácticamente inaccesible. Es como desbloquear toda una nueva dimensión de la experiencia humana, y ahora estoy enganchado a la idea de desbloquear tantas dimensiones más como pueda, en el curso de un viaje más amplio que durará toda la vida. Al terminar dos meses con mi familia anfitriona en Costa Rica, con toda la experiencia invaluable que ya he absorbido, puedo afirmar con certeza que esta aventura ha alterado fundamentalmente mi mentalidad y ampliado mis sueños para el futuro.  

Mi llegada a Costa Rica

 

Había muchas ideas pasando por mi cabeza mientras me preparaba para embarcar en mi viaje de nueve meses en Costa Rica. Muchas de ellas eran preocupaciones. Y muchas de las preocupaciones tenían que ver con el hecho de que yo viviría con desconocidos que hablan un idioma al que no estaba acostumbrado, en un país al que no estaba acostumbrado. Yo nunca había vivido fuera de la casa en la que crecí… Nunca había estado lejos de mis padres por más de una semana. Y ahora iba a irme a vivir con una familia completamente nueva por nueve meses, miles de millas de distancia de todo a lo que estaba acostumbrado. ¿Y si no les caigo bien? ¿Y si no somos compatibles? ¿Y si se cansan de mí? ¿Y si todo resulta incómodo? Todas estas preocupaciones aplicarían a vivir con cualquier familia anfitriona, pero se amplificaron por el hecho de que la mía tenía un idioma y una cultura diferente. No tenía ni idea de cómo sería la comunicación, pero sentía que sería incómoda y difícil. Suponía que no tendría problemas para comunicar necesidades y descripciones básicas y cosas así, ¿pero más que eso? ¿Limitaría la barrera del idioma nuestra capacidad para conectarnos a un nivel más profundo?  

Los primeros días fueron difíciles. Me sentía como un intruso en su casa y en sus vidas. En ese momento, éramos simplemente desconocidos de orígenes completamente diferentes que de repente vivían bajo el mismo techo. Empecé a sentir que mis temores se estaban confirmando. Pero durante la semana siguiente más o menos, todo fue mejorando. Después de que nos volviéramos más cómodos estando juntos y después de que encontráramos el ritmo de la comunicación, las cosas se volvieron más fáciles. Incluso comenzamos a hacer chistes entre nosotros, algo de lo que no estaba seguro de poder hacer muy bien con mi nivel de español. De hecho, la barrera del idioma no ha sido un problema en absoluto. No siempre entiendo todo lo que dicen mis padres anfitriones, pero no tienen problemas en explicar nuevas palabras o reformularlas para que yo pueda entender. Esos momentos de confusión ya no son estresantes, y a veces son muy graciosos. Y aunque nuestra comunicación verbal no siempre es fluida, he descubierto que la conexión humana parece existir a un nivel más profundo que eso. Tiene más que ver con nuestra energía que con las palabras exactas que salen de nuestras bocas.  

Y al mismo tiempo, siento que mis habilidades en español están mejorando rápidamente. Vivir con mi familia anfitriona y practicar hablar y escuchar el idioma con ellos todos los días ha sido mucho más efectivo que mi clase de español del colegio. ¡A veces incluso pienso en español! He descubierto que conectarme con la familia, y con otros también, me ha hecho apreciar la belleza y el valor de aprender nuevos idiomas y culturas, porque abre una nueva parte de la población mundial de la que puedes aprender y con la que puedes conectarte. Practicar español me ha permitido conocer a muchas personas interesantes que de otra manera habrían sido prácticamente inaccesibles. Es como liberar una nueva dimensión de la experiencia humana, y ahora estoy enganchado a la idea de liberar tantas dimensiones más como pueda, a lo largo de un viaje que durará toda la vida. A medida que termino dos meses con mi familia anfitriona en Costa Rica, con toda la experiencia invaluable que he absorbido, puedo decir con certeza que esta aventura ha alterado fundamentalmente mi mentalidad y ha ampliado mis sueños para el futuro.   

—Zach

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