La piedra y las líneas serpenteantes
Era nuestro noveno día en Costa Rica y no teníamos idea de lo que íbamos a hacer.
Desafortunadamente para mí —alguien para quien la expresión “déjate llevar” no fluía—, no tener un plan para el día era difícil; estar en un país extranjero donde no conocía ni las tradiciones, ni la comida, ni los nombres de las calles pesaba mucho sobre mí. Sentía que debía estar agradecido; sin embargo, solo era capaz de reflexionar sobre el cambio significativo de vida, dándole vueltas a lo que no sabía, a las horas sin horario.
Como todos los días, me levanté, ahuyentando el estrés y el miedo que me acechaban como un lobo en el bosque.
Amanecía un día caluroso y soleado con los pájaros cantando en los árboles. Nos arreglamos en nuestras respectivas habitaciones, desayunamos y fuimos a la vagoneta que nos esperaba en la puerta de FUDEBIOL (Fundación para el Desarrollo del Centro Biológico Las Quebradas). Así, comenzamos nuestro viaje a Quesos Canaán, una hermosa granja familiar ubicada en Canaán de San José de Rivas, Pérez Zeledón. Wilbert Mata Zúñiga, el propietario y padre de familia, nos guio en un recorrido. Conocios a las vacas y al perro de la familia; recorrimos la quesería y aprendimos sobre el proceso de elaboración del queso; y conversamos con la familia y disfrutamos de su deliciosa comida. Sin embargo, el recuerdo más vívido y poderoso que formé aquel día soleado fue cuando vi la piedra.
A primera vista, no parecía gran cosa: una roca con motas brillantes, como todas las que habíamos visto a lo largo de los caminos costarricenses y las calles estadounidenses, pero el señor Zúñiga dio vuelta tanto a la piedra como a nuestras opiniones cuando nos mostró que había líneas serpenteantes en la superficie que se extendían en todas direcciones. Poco a poco, explicó casi todas ellas hasta que pudimos ver al elefante, al león, al dinosaurio y a muchos más. Eran los grabados de un indígena de cientos de años atrás.
Surgieron preguntas de nuestras bocas: ¿Cómo sabían los indígenas sobre los dinosaurios? ¿Cómo podían caber tantas imágenes en una sola superficie? ¿Qué herramientas se utilizaron para hacerlas?
De camino de regreso a FUDEBIOL, me descubrí reflexionando sobre aquellas imágenes entrelazadas y la cultura que emanaban. Con un solo giro, la misma figura se convertía en otra… y en otra… y en otra. Así de simple, descubrí una manera de lidiar con los cambios de vivir en otro país.
Al igual que las figuras, nuestras culturas se entrelazan. Me di cuenta de que si podía encontrar las similitudes entre mi cultura y la de Costa Rica, podría lidiar mejor con las circunstancias de vivir en otro país. Y más allá de eso, si podía aceptar las diferencias —donde la trompa del elefante se convertía en la pata de un tigre—, podría superar el choque cultural y el anhelo de regresar a lo familiar, y abrazar este maravilloso país, tanto las diferencias como las similitudes
Zane Mills V.