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Tierra Guaraní – Verano de 2024

Notas de campo
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Este verano (invierno en Paraguay), un grupo de voluntarios dedicados de Estados Unidos emprendió un viaje transformador a Paraguay, donde participaron en un programa de inmersión comunitaria que dejó un impacto duradero tanto en los voluntarios como en las comunidades locales. El programa, centrado en el intercambio cultural, los proyectos de servicio y el crecimiento personal, brindó a los voluntarios la oportunidad única de vivir con familias anfitrionas paraguayas, desarrollar proyectos comunitarios significativos y facilitar actividades extracurriculares con los niños locales.

Desde el momento en que llegaron, los voluntarios se embarcaron en una nueva aventura. Durante los días de orientación inicial, todos tuvieron la oportunidad de conocerse, aprender sobre el programa y sumergirse en la cultura paraguaya. Esto incluyó una experiencia auténtica de la fiesta de San Juan tal como se celebra en Paraguay, donde disfrutaron de la música, la comida y los juegos tradicionales de este hermoso país. Fue un momento clave para construir conexiones y obtener una comprensión más profunda del entorno en el que vivirían y trabajarían durante su inmersión comunitaria.

Sus familias anfitrionas los recibieron con los brazos y el corazón abiertos. Al vivir con estas familias, los voluntarios experimentaron de primera mano la calidez y la hospitalidad que definen la cultura paraguaya. Como reflexionó un voluntario: “Vivir con una familia anfitriona fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Me permitió comprender y apreciar verdaderamente el estilo de vida paraguayo. Mi familia anfitriona me trató como a uno de los suyos, y atesoraré por siempre los lazos que creamos”.”

 

 

A lo largo del programa, los voluntarios trabajaron en una variedad de proyectos comunitarios adaptados a las necesidades e intereses de las comunidades locales. Estos proyectos variaron desde la construcción de huertos comunitarios hasta la pintura de murales, cada uno diseñado para dejar un impacto positivo duradero.

Otro aspecto significativo del programa fue la participación de los voluntarios en la facilitación de actividades extracurriculares con los niños y jóvenes locales. Cada semana, los voluntarios organizaron y dirigieron talleres sobre diversos temas, desde la conciencia ambiental hasta las artes creativas. Estas sesiones no solo brindaron a los niños valiosas experiencias de aprendizaje, sino que también permitieron a los voluntarios conectar con la generación más joven de maneras significativas. Un voluntario compartió: ’Los niños estaban muy entusiasmados y deseosos de aprender. Fue una experiencia increíblemente gratificante“.”

Durante el evento de mitad de término, los voluntarios tuvieron la oportunidad de reunirse después de estar en comunidades separadas. Este encuentro les permitió reflexionar sobre sus experiencias, compartir perspectivas y reconectarse entre ellos. También disfrutaron de una excursión en grupo y participaron en diversas actividades de integración de equipos, creando un espacio muy necesario para la convivencia.

A medida que el programa avanzaba, los voluntarios no solo marcaron la diferencia en las comunidades a las que sirvieron, sino que también experimentaron un profundo crecimiento personal. Muchos de ellos llegaron a Paraguay con un sentido de curiosidad y aventura, y se fueron con una comprensión más profunda de sí mismos y del mundo que los rodeaba. “Este programa me sacó de mi zona de confort de la mejor manera posible”, dijo otro voluntario.

A medida que el programa llegaba a su fin, los voluntarios, las familias anfitrionas y los miembros de la comunidad se reunieron para una emotiva ceremonia de despedida llena de lágrimas, risas y un sinfín de recuerdos compartidos. Al final del programa, fue conmovedor ver cuán profundamente los voluntarios habían adoptado la cultura local. Incluso llevaban sus propios termos de tereré, la bebida tradicional paraguaya, bebiéndolo durante toda la sesión de evaluación. Este sencillo acto fue testimonio de cuán plenamente se habían inmerso en su comunidad anfitriona y en sus costumbres.

Al final, el programa de inmersión comunitaria en Paraguay fue más que una simple experiencia de voluntariado: fue un viaje de conexión, crecimiento y transformación. Los lazos formados entre los voluntarios, las familias anfitrionas y los miembros de la comunidad sin duda perdurarán.

 

Inmersos en Paraguay: Un viaje de crecimiento y conexión

Este verano (invierno en Paraguay), un grupo de personas voluntarias dedicadas de los Estados Unidos emprendió un viaje transformador a Paraguay, donde participaron en un programa de inmersión comunitaria que dejó un impacto duradero tanto en las personas voluntarias como en las comunidades locales. El programa, centrado en el intercambio cultural, proyectos de servicio y crecimiento personal, brindó a las personas participantes la oportunidad única de vivir con familias anfitrionas paraguayas, desarrollar proyectos comunitarios significativos y facilitar actividades extracurriculares con los niños locales.

Desde el momento en que llegaron, las personas voluntarias comenzaron una nueva aventura. Durante los primeros días de orientación, todos tuvieron la oportunidad de conocerse, aprender sobre el programa y sumergirse en la cultura paraguaya. Esto incluyó una experiencia auténtica de lo que es el festival de San Juan en Paraguay, donde tuvieron la oportunidad de disfrutar de la música, la comida y los juegos tradicionales de este hermoso país. Fue un momento clave para construir conexiones y obtener una comprensión más profunda del entorno en el que vivirían y trabajarían durante su inmersión comunitaria.

Sus familias anfitrionas los recibieron con los brazos y los corazones abiertos. Al vivir con estas familias, las personas voluntarias experimentaron de primera mano la calidez y hospitalidad que definen a la cultura paraguaya. Como reflexionó uno de los voluntarios, “Vivir con una familia anfitriona fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Me permitió comprender y apreciar verdaderamente la forma de vida paraguaya. Mi familia anfitriona me trató como a uno de los suyos, y siempre atesoraré los lazos que creamos.”

 

 

A lo largo del programa, trabajaron en una variedad de proyectos comunitarios adaptados a las necesidades e intereses de las comunidades locales. Estos proyectos iban desde la construcción de huertos comunitarios hasta la pintura de un mural, cada uno diseñado para dejar una marca positiva duradera.

Otro aspecto significativo del programa fue su participación en la facilitación de actividades extracurriculares con niños y jóvenes locales. Cada semana, las personas voluntarias organizaban y dirigían talleres sobre diversos temas, desde la conciencia ambiental hasta las artes creativas. Estas sesiones no solo brindaron a los niños experiencias de aprendizaje valiosas, sino que también permitieron a los voluntarios conectarse con la generación más joven de maneras significativas. Otra persona voluntaria compartió: “Los niños y niñas estaban tan entusiasmados y ansiosos por aprender. Fue una experiencia increíblemente gratificante.”

Durante el evento de mitad de período, las personas voluntarias tuvieron la oportunidad de reunirse después de haber estado separadas en diferentes comunidades. Esta reunión les permitió reflexionar sobre sus experiencias, compartir ideas y reconectarse entre ellos. También disfrutaron de una excursión grupal y participaron en diversas actividades de trabajo en equipo, creando un espacio muy necesario para fortalecer los lazos.

A medida que el programa avanzaba, los participantes no solo hicieron una diferencia en las comunidades a las que sirvieron, sino que también experimentaron un profundo crecimiento personal. Muchos de ellos llegaron a Paraguay con un sentido de curiosidad y aventura, y se fueron con una comprensión más profunda de sí mismos y del mundo que los rodea. “Este programa me sacó de mi zona de confort de la mejor manera posible”, expresó un participante.

Al finalizar el programa, los voluntarios, las familias anfitrionas y los miembros de la comunidad se reunieron para una emotiva ceremonia de despedida. Hubo lágrimas, risas y un sinfín de recuerdos compartidos. Al final del programa, también fue conmovedor ver cómo los participantes se habían sumergido tanto en la cultura local que incluso llevaban su propio termo de tereré, la bebida tradicional paraguaya, y lo bebieron durante todo el debriefing. Este simple acto fue un testimonio de cómo se habían integrado plenamente en su comunidad anfitriona y en las costumbres locales.

Al final, el programa de inmersión comunitaria en Paraguay fue más que una experiencia de voluntariado: fue un viaje de conexión, crecimiento y transformación. Los lazos formados entre las personas voluntarias, las familias anfitrionas y los miembros de la comunidad perdurarán, sin duda alguna.

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