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Bridge Year Costa Rica – Spring 2025

Segundo Hogar en Desarrollo

By Zane M

El proceso de acostumbrarse a un nuevo país es como el mar fluctuando entre marea alta y baja: uno se encuentra en el vaivén entre el crecimiento que lo nuevo es lo normal y darse cuenta de que este es un país ajeno, miles de millas del hogar de uno, donde dio sus primeros pasos, donde recibió abrazos de sus padres cada noche; y cada vez, con la subida y caída de las aguas, deja atrás como escoria pegajosa y conchas centelleantes, sus miedos y sus alegrías, recogiéndolos de nuevo a intervalos, sopesándolos. Puedo sentir que poco a poco como las alas de una mariposa abrazándome que hay un segundo hogar mío en desarrollo, que un día las montañas azuladas en la distancia no serán ajenas ni los chirridos de las verjas herrumbradas que dan a casas de techos de arcilla y las cuerdas de ropa rectas que nublan los patios como telarañas.

Un día, las aguas encontrarán equilibrio y la marea baja y alta cesará de existir. Sin embargo, no sé si me ilusiona conocer a aquel día, ya que implica que todo eso que siento ahora será el nuevo normal y que, por extensión, pararé de sentir cariño y aprecio a la oportunidad de vivir acá, bajo el techo de una familia costarricense. Rara vez nos damos cuenta de lo bello que son las cosas normales, las aceras resquebrajadas que pisamos, los lugares por donde andamos, las sonrisas de Buenos días de extranjeros que se dirigen a nosotros. ¿Si todo eso se convirtiera en lo normal, perdería su valor? ¿Puedo detener ese proceso de ceder a la indiferencia y el aburrido?

Me percaté de que al llegar a Costa Rica, no había agradecido mi hogar y mi ciudad. Me había enfocado en la nueva independencia de que gozaría, en el hecho de que hablaría español todos los días en lugar de inglés, que tendría una experiencia maravillosamente impactante. Pero en mis primeros días de estar aquí, cuando estaba manejando el choque cultural y las ansias por volver a lo conocido como un carro golpeado y sin volante inclinado por un precipicio, extrañaba los rutinarios y las trivialidades. ¿Lo mismo pasará al regresar a los Estados Unidos? ¿Me daré cuenta de que hubiera estado viviendo un ensueño sin reparar en los detalles de todos los días? ¿Soy yo capaz de arrancarme el cerebro de la tendencia de perder el gozo de las cosas comunes mientras me dejo estar a gusto? Yo quiero estar presente y presencial, consciente y agradecido. Me empeñaré de que ese sentimiento brillante que tengo en el pecho y bajo mis dedos escribientes ahora mismo nunca se desvanezca.

Lo que sí sé es que me dejaré cómo estoy ahora, recostado en las olas del mar entre lo conocido y lo nuevo, con un hogar en desarrollo alzándose en el horizonte como el nuevo sol.

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